Desde su taller en el área de Venecia, Marcela Frey da vida a carteras hechas a mano donde la memoria familiar y el saber artesanal se entrelazan con natural elegancia. Una propuesta que, en tiempos de producción en serie, se instala como una pausa de estilo y originalidad frente al ritmo masivo.
Todo comenzó con un encuentro fortuito. Hace casi una década, Marcela caminaba por una calle italiana cuando se cruzó con una cartera distinta a todo lo que había visto: artesanal, irregular, viva. Esa imagen terminó siendo el germen de Marcela Frey Bags, una casa que hoy desarrolla colecciones de edición limitada, hechas a mano una pieza a la vez.


La raíz del trabajo de Marcela es profundamente personal. Los veranos de infancia junto a su abuela y su tía —cuando aprendió a dar forma con las manos a lo que imaginaba— son la matriz de todo lo que vino después. “Mis carteras viven en ese equilibrio: entre memoria y precisión, entre libertad creativa y savoir-faire”, dice, y la afirmación se confirma en cada detalle de sus piezas. La confección es lenta; los materiales —todos italianos— marcan el ritmo, y las irregularidades de lo hecho a mano cobran protagonismo. Las pieles son trabajadas para imitar el grabado cocodrilo, la textura de la cabra o el pelo de potro, y conviven con herrajes de bambú en colecciones donde ninguna pieza se repite.



El trabajo en el taller responde a una lógica clara: Marcela define la visión y la identidad de cada colección, y se apoya en manos artesanas italianas que llevan adelante la ejecución y el diálogo directo con los materiales.Lo imperfecto, lejos de ser un descuido, es para ella un valor de origen —la huella visible de la confección manual, con criterio y con tiempo. “A mi clienta la imagino independiente, sensible a los detalles: no sigue tendencias, construye su propio lenguaje”, resume Marcela. Para ella están pensadas estas piezas: objetos que trascienden la temporada, donde la personalidad y la impronta artesanal marcan la diferencia. +marcelafreybags.com